Grupo de 15.000 científicos lanzan segunda advertencia a la humanidad

Martes, 14 Nov, 2017

Fue en 1992 cuando más de 1,700 especialistas de la Unión de Científicos Preocupados, una organización estadounidense sin fines de lucro emitió esta primera advertencia, donde se argumentó que los impactos humanos en el mundo natural probablemente llevarían a una "gran miseria humana".

El bienestar humano se verá "seriamente amenazado" por tendencias negativas en algunos tipos de daños ambientales, como el cambio climático, la deforestación, la falta de acceso agua dulce, la extinción de las especies y el crecimiento de la población humana, escriben los expertos.

Exactamente 15.364 investigadores de 184 países, con datos de los últimos años, revisaron la advertencia original y enviaron lo que consideraron "un segundo aviso": a excepción de la estabilización de la capa de ozono, "la humanidad no ha logrado avanzar lo suficiente en la resolución de los desafíos medioambientales y, lo que es más alarmante, la mayoría de ellos están empeorando", se lee en el informe escrito por un equipo internacional dirigido por William Ripple, profesor de Ciencias Forestales de la Universidad Estatal de Oregón, Estados Unidos.

Y hoy, 25 años después, lo hacen otra vez.

El documento fue escrito en julio de este año y a los dos días de su publicación ya contaba con 1,200 firmas.

Algunas personas, "podrían tener la tentación de ignorar estas evidencias y pensar que estamos siendo alarmistas", indicó Ripple, pero "los científicos saben interpretar datos y mirar a las consecuencias a largo plazo".

Antes al contrario, "están reconociendo las señales obvias de que vamos por un camino insostenible -agregó-".

¿Cuáles son? La creación de más parques y reservas naturales, frenar el tráfico ilegal de animales, alimentarnos de dietas basadas en verduras, ampliar programas de planificación familiar y de educación para mujeres, y adoptar energías renovables y otras tecnologías "verdes".

El manifiesto recoge algunas de esas señales, entre las que destacan una reducción del 26% en la cantidad de agua dulce disponible por habitante; una reducción en la captura de peces salvajes, a pesar de los esfuerzos; un aumento del 75% en el número de zonas muertas en los océanos; una pérdida de más de 121 millones de hectáreas de bosque; continuos aumentos en las emisiones globales de carbono y en las temperaturas promedio; un aumento del 35% de la población humana; y una reducción del 29% en el número de mamíferos, reptiles, anfibios, aves y peces.