Está hecho el camino para que Assange deje Embajada

Sábado, 08 Dic, 2018

Según Moreno, se realizaron gestiones con el Gobierno británico y éste garantizó que la Constitución de Reino Unido impide la extradición de una persona a un sitio donde corra peligro su vida. Porque no olvidemos que él no se presentó a los juzgados británicos y tiene que pagar una pena no larga por aquello', dijo Moreno.

Por otro lado, el presidente ecuatoriano designó al veterano diplomático Jaime Alberto Marchán Romero como nuevo embajador de su país en el Reino Unido, un misión en la que su principal propósito será resolver el caso del fundador de WikiLeaks. Ante la negativa de Reino Unido de concederle un salvoconducto, el australiano no ha abandonado la delegación ecuatoriana.

Pero su defensa teme que sea extraditado a Estados Unidos donde podría ser condenado a severas penas por la publicación de los documentos en WikiLeaks. Además, mantiene vigente una orden de detención contra Assange por incumplir obligaciones de su libertad condicional.

El presidente ecuatoriano reconoció que no le "agrada" la presencia de Assange en la embajada de Londres, pero destacó que pese a eso su Gobierno "ha sido respetuoso de sus Derechos Humanos", por lo que ahora apela a la colaboración del periodista australiano.

Según las autoridades ecuatorianas, la estancia de Assange en la legación ecuatoriana le ha costado al país unos seis millones de dólares.

Sin embargo, aún debe enfrentar a la justicia británica por violar las condiciones de su fianza. Algo que Assange calificó de "campaña para acabar con WikiLeaks".

Cuando agotó todos los recursos legales para evitar ser extraditado, buscó refugio en en la embajada de Ecuador en Londres, alegando una "persecución política" que buscaba "ponerlo tras las rejas".

Hasta ahora no existe evidencia de que Manafort hablara con Moreno en nombre de Trump o que las conversaciones estuvieran relacionadas con una presunta implicación de WikiLeaks para colaborar con el triunfo del candidato republicano en las elecciones presidenciales de 2016.

La decisión fue vista como un intento de Correa de mostrarse como un defensor de la libertad de expresión -cuando recibía críticas de represión a la prensa en su país- y también como una oportunidad de dar un golpe de oposición a Estados Unidos, de ideología contraria a Correa.